La diabetes, una enfermedad crónica, conlleva graves consecuencias para la salud, incluyendo ceguera, insuficiencia renal, infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y amputación de miembros inferiores. En el año 2019, la diabetes y la nefropatía diabética causaron la trágica pérdida de 2 millones de vidas.


Según datos y cifras alarmantes, el número de personas que padecen diabetes ha experimentado un aumento significativo en las últimas décadas. Desde 1980 hasta 2014, la cifra se ha incrementado de 108 millones a 422 millones. Además, se observa un crecimiento más rápido de esta enfermedad en países de ingresos bajos y medianos en comparación con aquellos de renta elevada.


La diabetes, también conocida como diabetes sacarina o diabetes mellitus, ocurre cuando el páncreas no produce suficiente insulina o cuando el organismo no utiliza eficientemente la insulina. La insulina es una hormona que regula los niveles de glucosa en la sangre. La hiperglucemia, es decir, los niveles elevados de glucosa en la sangre, es uno de los efectos comunes de la diabetes no controlada y puede causar daños graves en diversos órganos y sistemas del cuerpo, especialmente en los nervios y los vasos sanguíneos.



Durante el período comprendido entre 2000 y 2019, las tasas de mortalidad relacionadas con la diabetes, ajustadas por edad, aumentaron en un 3%. Este incremento fue especialmente notable en los países de ingresos medios o bajos, donde se observó un aumento del 13% en la tasa de mortalidad por esta enfermedad.


No obstante, existen medidas preventivas y formas de tratamiento que pueden marcar una diferencia significativa. Adoptar una alimentación saludable, realizar ejercicio físico regularmente, mantener un peso adecuado y evitar el consumo de tabaco son estrategias efectivas para prevenir la diabetes tipo 2 o retrasar su aparición. Es fundamental destacar que la diabetes puede ser tratada y sus consecuencias pueden evitarse o retrasarse a través de la combinación de actividad física, una dieta equilibrada, medicación y pruebas periódicas.

La detección temprana de la diabetes y el acceso a una atención médica regular pueden ayudar a prevenir complicaciones graves. Los síntomas de la diabetes pueden variar, desde una sensación constante de sed y la necesidad frecuente de orinar hasta la visión borrosa, el cansancio y la pérdida de peso involuntaria.


Los tipos de Diabetes:



La diabetes se clasifica en varios tipos, siendo la tipo 2 la máscomún, afectando a más del 95% de las personas con diabetes. Esta variante solía ser conocida como "no insulinodependiente" o "de inicio en la edad adulta", pero en la actualidad también se presenta en niños con mayor frecuencia. La diabetes tipo 2 altera el proceso mediante el cual el cuerpo utiliza el azúcar (glucosa) para obtener energía, dificultando su correcta utilización de la insulina. Esta situación puede resultar en un aumento de los niveles de azúcar en la sangre si no se aborda adecuadamente.


La diabetes tipo 1, por otro lado, se caracteriza por una producción deficiente de insulina y requiere la administración diaria de esta hormona. Aunque la causa exacta de la diabetes tipo 1 aún no se conoce, se estima que existen factores genéticos y ambientales involucrados en su desarrollo.


Durante el embarazo, algunas mujeres pueden desarrollar diabetes gestacional, que se caracteriza por niveles elevados de glucosa en la sangre. Aunque esta condición se resuelve después del parto, tanto la madre como el bebé tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en el futuro. Además, existen estados de transición entre la normalidad y la diabetes, como el deterioro de la tolerancia a la glucosa y la alteración de la glucemia en ayunas, que representan un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.


La prevención juega un papel crucial en el manejo de la diabetes. Adoptar un estilo de vida saludable, que incluya una alimentación equilibrada y actividad física regular, así como mantener un peso corporal adecuado, puede ayudar a prevenir o retrasar la aparición de la diabetes tipo 2.


Fuente: Organización Mundial de la Salud